lunes, 5 de julio de 2010

LA MUERTE DE "GARRA DE LOBO"

Wolfklauebergh ha seguido el rastro que dejó el lyput en el cuerpo de Electra, justamente en las profundidades del castillo en Lincoln donde ahora se guardaba la legendaria espada del sabio Habacuc, lejos de cualquiera que anhelara su infinito poder. No obstante, una sola persona en este mundo pudo conocer su secreto. Al haber sufrido tantas penurias, desde la muerte de padre y hermanos, el destronamiento, la deshonra y su apostasía, Alexei Wolfklauebergh descubrió abruptamente la tenebrosa verdad que subyace tras poder en el mundo. Aún cuando casi moría de hambre y frío en las gélidas montañas germanas siendo alimentados por lobos, el joven Alexei había escuchado de su maestro Jonas las terribles verdades que ocultaba el mundo de los hombres. Mientras corrían a través de las montañas,juntos, maestro y discípulo, aunque este último ya le hubiera sobrepasado en poder y sabiduría, Alexei recordaba el día que Jonas le reveló acerca de su propia realidad. "Deja de sufrir por el mundo de los humanos, pues nunca has pertenecido ni pertenecerás a él." En la oscuridad se tornaron en sombras. Reptaron en silencio lejos de la luz. Ciertamente el castillo de Alexei Sovietsky estaba preparado para recibir a estos intrusos, no obstante fueron ellos más ágiles. Al final luego de cruzar los fastuosos y laberínticos pasillos llegaron a la sala principal que es también uno de las oficinas principales de los "24". Jonas advierte a su pupilo "Hay demasiado silencio. No hay guardianes ni inspectores. Sin duda alguna hemos caído dentro de su juego." No obstante de saber que el verdadero mesías ya estaba entre ellos y el espíritu del primer rebelde había sido liberado para siempre, Jonas quiere destruir a sus antiguos enemigos que en otrora serían también sus aliados, familiares y amigos. El barón estaba confiado. Cinco de los más poderosos Elohim de la tierra habían caído bajo la "garra del lobo", era en definitiva la prueba real de su absoluta fuerza, la fuerza de un descendiente annunaki, la raza de los obreros milenarios que se resistían a encadenarse en la carne viva del cuerpo humano. Cruzaron las galerías de antaño dirigentes a lugares más aterradores,las antiguas prisiones donde había torturado y colgado a criminales de la época. Podían escucharse gritos, imágenes de sangre y dolor invadían sus pensamientos, de repente aparecían y desaparecían los verdugos de tiempos de antaño, solo eran ilusionismos, el viejo rito de los Elohim para aturdir a sus enemigos. Cada vez más descendían hacia lugares cavernosos, casi infernales, la luz dorada del magma ardiendo que esputaba en lenguas de fuego parecía cegarlos, en el centro había un gran portal forjado del metal indestructible pero no habían guardianes, la puerta estaba abierta de par en par y allí sobresalía el camino que conducía hacia un risco. De las piedras subterráneas, las galerías habían tallado las esculturas de los primeros dioses, en una de ellas estaría la muerte de la serpiente legendaria por parte de los grandes héroes celestes y al final estaría la espada, junto a otras tres que estaban forjadas con el eternium fundido extraído del cuerpo del kraken, tambien conocido como leviatián. Había esplendor en su hoja, el sabio maestro Habacuc había tallado secretamente la historia del motín. Alexei se acercó a ella consciente de su poder, la tomó en sus manos pero esta no tenía el peso que decía la leyenda.

"Es obvio que no dejaríamos la verdadera espada en manos de nuestros enemigos. No obstante has sabido elegir el correcto camino hacia ella porque hallar la hoja que es capaz de cortar en dos partes al mismísimo Dios significa hallar tu muerte."
"Tu poesía decadente no me conmueve Josué. Conocemos tus debilidades, ¡El hombre más poderoso de la tierra! No eres más que el lacayo de tus hermanos. Por siglos has creído ser el guardián de los hombres, ¡No eres más que el carcelero de tu propia ambición insulsa! ¡Me das lastima Josué al igual que todos los de tu raza!"

Alexei Sovietsky miró a su antiguo aliado Jonas y el monstruo que el pecado convirtió.

"Y tú pobre criatura, hombre de grandes virtudes mira lo que te has hecho que aún cree pertenecer a los patéticos "Igigi" ¿Es esta tu verdadera raza? Tu poder no es ahora el mismo. Lo han debilitado tus deseos y tu absurdo deseo de vengarte."
"Tal vez tengas razón Alexei, tal vez no pertenezca a esta lucha pero nunca consideré a los Elohim mis aliados. ¡Ellos me atraparon en este cuerpo! ¡Planearon aniquilar al dragón legendario para su beneficio propio! ¡Su trampa causó en mi esta desgracia! ¡La desgracia de vivir por siempre en las sombras! ¡De tener que alimentarme del dolor y el sufrimiento! ¡Es por eso que ante ustedes me reveló! ¡Sea esta herejía mi estandarte! ¡Solo anhelo que los de tu raza desaparezcan de la tierra para siempre!"
"No eres nada para mí Jonas de Tarsis, desde siglos atrás estás muerto para la causa. Tus blasfemias no me asustan, al perder el Quran de tu ser, tus poderes ya no te acompañan más."
"Solo palabras Josué, puedes guardarlas en lo profundo de tu oscuro ser pues no hemos venido hasta aquí para escucharlas. La espada capaz de aniquilar al Demiurgo, a la criatura a la que tienen por dios, la misma capaz de sentir desprecio hacia sus inferiores es todo lo que queremos."

Alexei Sovietsky blandió la verdadera espada de Habacuc, solo un hombre inmensamente fuerte podría sujetarla de esa manera. Alexei fulguró en lo alto del risco, detrás de él ardían las llamas del volcán subterráneo, era sin duda el llamado a la batalla.

"Si quieres la espada tendrás que venir por ella."

Alexei Wolfklauebergh se lanzó sobre Josué a gran velocidad, era evidente que este se había confiado demasiado. solo le bastaron tres golpes para someterlo, el barón tenía una fuerza y poder incomparables, Josué había caído frente a ellos impotente, su boca esputaba torrentes de sangre. El barón se acercó sonriendo por su fácil victoria para recoger la espada que pudo asirla con un solo brazo.

"¡De verdad que tienes un poder asombroso!...¡Cómo es posible para alguien tan joven?...¡Sin duda has tenido a tu lado al mejor de los maestros!"
"Por siglos esperé este momento Yehoshúa. Años después de la muerte de mi padre y mis hermanos me enteré que los tuyos estuvieron detrás de sus asesinatos. No sabes cuantas lágrimas derramé recordando aquella infamia. Desde ahí me juré a mi mismo que te destruiría a ti y toda tu raza, al igual como pronto destruiré al malvado Demiurgo."
"¡Te equivocas "garra de lobo"! Tu padre estuvo en nuestro consejo, fue uno de los mejores obreros. No fuimos nosotros quienes causamos su desgracia. Nunca estuvimos de acuerdo con Iván, él ciertamente podía pervertir a sus adversarios. Lo cierto es que hay un asesino entre los nuestros, se trata del verdadero conspirador. Si me ayudas a destruirlo podremos evitar la destrucción de la humanidad, además quizás logre evitar que los del consejo te juzguen. Serás un hombre libre, volverás al Nibiru y gobernarás la tierra y a sus hombres junto a nosotros por siempre."
"Tan débil eres que osas implorar piedad a costa de tus ambiciones. Me repugnas Yehoshúa, creí que en verdad eras hombre pero solo eres un trabajador primitivo.No me interesa si hay un asesino más poderoso entre nosotros porque de todas formas los aniquilaré a todos con la espada de Habacuc."

Cuando Alexei Wolfklauebergh iba asestar un golpe fatal sobre el cuerpo gravemente herido de Alexei Sovietsky Jonas se acercó a su pupilo y lo tomó con increíble fuerza del cuello. "Garra de lobo" estaba confundido, le gritó a su maestro que lo dejara pero él estaba decidido a no soltarlo. Wolfklauebergh soltó la pesada espada que pronto resquebrajó el suelo y se hundió en este desapareciendo entre la lava. Jonas y el barón cayeron en ella y antes de morir junto a su maestro Wolfklauebergh supo que no lo había traicionado. Alexei Sovietsky estaba en el risco, observando sonriente porque él había introducido un parásito en el cuerpo de Jonas, pudiendo así controlar su mente. De esta manera se extinguía para siempre la llama de Omega Crimson y su estandarte de liberar a los oprimidos.