martes, 27 de julio de 2010

MUERE EL ANTIGUO ENEMIGO

No obstante de saber y conocer tantas verdades, verdades que al final resultaron ser tan álgidas y amargas, una nube de dudas asaltaban su mente a cada instante. Tendría que volver a Kigali lo antes posible para hablar con la niña que el desierto había arrojado moribunda a los brazos de una comunidad de religiosas en Ruanda, solo que al viajar hasta allí ella ya se había ido. Las religiosas dijeron que por órdenes episcopales tuvieron que enviarla a Italia, sin duda una prueba más de que Torquemada estaba envuelto en la masacre de la comunidad. Por otro lado sentía que su fuerza había aumentado, cada día hallaba en sí habilidades extraordinarias aunque con la pérdida de su maestro ignoraba cual sería su destino y como tal, el de la humanidad entera. "Una vida así, viviendo en la tierra solo como el receptáculo de algo maligno. El destino de la humanidad está injustamente sellado." Joaquín llegaría al corazón de Roma donde en una de sus emblemáticas iglesias lo esperaba aquel perverso hombre junto a dos religiosas. Había un silencio de muerte. La luna se asomaba entre los vitrales y el viento aullaba de vez en vez. Aún desconocía el destino de Jonás y también de lo que había pasado con el ungido. Cuando vio a los tres alumbrados débilmente por la pálida luz del cielo pudo notar que una de las religiosas llevaba en brazos a la niña africana cuyo nombre era Kamaria. En efecto Pedro Torquemada la había traído hasta aquí para poder atraparlo y ahora su misión sería rescatarla de sus garras. "¡Deja a la niña, Torquemada! ¿No se cansa de involucrar a gente inocente en los asuntos de la iglesia?" El arzobispo salió de las sombras y sus ojos se había ennegrecido. "No existía otra manera de hacer que la oveja retornara a su rebaño." Pedro se acercó a él en aptitud desafiante. "Me enteré de que el padre Maximiliano murió bajo tu causa. ¡Es algo realmente lamentable!" "¿Qué es lo que quiere monseñor? ¿Qué es lo que pretende hacer hiriendo de esa manera a la iglesia y su comunidad?" "Lo primero: es preciso saber si has sido tú el liberador que sacó de las montañas al ungido." "De manera que este ha sido una de tantos los secretos que la iglesia ocultó durante siglos a la humanidad. No debería extrañarle el por qué de mis conceptos a los que el sumo pontífice se atrevió a catalogar de blasfemias." "Debes saber que al estar encerrado en este frágil cuerpo de hombre, el instinto se hace irrefrenable y como tal el deseo sexual es algo que dificilmente su puede controlar. No creo que hayas llegado hasta aquí sin haber tenido ciertas revelaciones. por algo ahora estamos encerrados en estas prisiones de por vida, aunque debo admitir mi asombro de como eso a tí en apariencia no te ha afectado. Tu cabeza es ahora muy preciada y llevarla hasta el tribunal significará mi ascenso." "¿Ascenso? ¡Creí que los arzobispos corruptos estaban no necesitaba de cosas así!" "Verás, sé que aún piensas que nosotros masacramos a tu comunidad en Ruanda lo que te digo que no es más que un movimiento elemental del juego, pero como tal, los peones podemos ascender. Tu destrucción significará una gran ventaja para nuestros intereses a no ser que quieras recapitular ante el Santo Padre."
Y es ahí cuando el joven sacerdote supo que pronto se desataría una batalla.
"Solo déjala ir Torquemada y tal vez salgas de aquí con algo más que mi cabeza." El arzobispo hizo señas a una de las religiosas que lo acompañaba pero esta en vez de liberar a Kamaria solo propicio su agonía. Joaquín no podía quedarse quieto. De inmediato profirió el ataque y de un solo golpe pudo segar a la religiosa quien realmente era una de ellos. La otra rompería su carne humana por que esa era la forma de transmutar su esencia, convirtiéndose en uno de esos terribles demonios que ahora se sometían a los Elohim tras los motines fallidos. "¿Por qué le levantas la mano a la iglesia? ¿Por qué te revelas contra los tuyos? Debería abrir los ojos y ver que los rebeldes solo representan el mal sobre la tierra, que el origen del sufrimiento humano nació de la soberbia y la desobediencia a la que estos abominables hombres los empujaron. La luz viene de nosotros Joaquín y en efecto eres uno de los nuestros." "No olvido que sus primeras palabras fueron condena, ahora solo trata de convencerme por que es la muerte el mayor temor de los débiles." "¡Eres aún muy joven Joaquín Torres! Debes saber que dentro de nosotros hay una lucha de potestades llevada por siglos." "Sea cual sea esa lucha no haré parte de ella. Por ahora solo lucho por mi mismo ya que durante todo este tiempo viví en las penumbras de la mentira." La mujer demonio que se había escurrido entre las sombras apareció detrás de él para destrozarlo, juntos comenzaron a batallar mientras demolían el templo y Pedro vio con asombro cómo Joaquín no tuvo la necesidad de transmutarse en su verdadera esencia para derrotarla. La mujer cayó destrozada en el suelo gritando de dolor por que su alma se consumía en llamas. el suelo se había llenado por torrentes de sangre y sobre ella se alzaba victorioso el joven sacerdote. "¡Esto es en lo que te has convertido! ¡En el carnicero de los dioses! ¿dónde quedó el hombre idealista con un corazón lleno de piedad!" "¡Sus suplicas no le servirán Torquemada! ¡Pagará por lo que le hizo a mi comunidad!" Torquemada intentó desaparecer en las sombras pero Joaquín creó el resplandor único, la luz que todo lo atraviesa para destrozar las penumbras y entonces se encontrarían cara a cara. No obstante Torquemada que era más viejo y versado utilizó la técnica de crear falsas ilusiones, hórridas imágenes relacionadas con la masacre en Ruanda pertubarían su mente y entonces Joaquín quedaría paralizado de momento. No obstante el arzobispo necesitaría algo más que eso para vencerlo. Las raíces que brotaban de los brazos de Joaquín lo habían atravesado. Antes de que muriera Pedro Torquemada, el arzobispo que siempre procuró su desgracia pudo ver que el joven sacerdote había realmente adquirido un poder asombroso.
Allá estaba agonizante la pequeña Kamaria. Pensar que era la última de su estirpe llenaba el corazón de Joaquín con emociones encontradas. Él la tomó en sus brazos y con su aliento insufló parte de la energía haciendo que su herida de muerte sanara por completo. Cuando Kamaria logró recuperar el conocimiento una de las verdades más aterradoras propiciarían su indignación. "Un hombre ha llegado a la aldea, vestía una larga túnica que le cubría hasta el rostro. Mi padre lo ha recibido porque parece haberse extraviado en el desierto. el extraño acepta el agua que le ha dado y cuando menos lo esperabamos, este hombre usa una especie de espada para masacrar a toda mi pueblo. Yo pude esconderme durante días, solo yo había sobrevivido a la matanza, luego vagaría por el desierto hasta que unos guardas me encontraron a punto de morir." "¿Y cómo era el aspecto de aquel hombre misterioso?" La descripción de Kamaria haría que una imágen borrada practicamente de su pasado volviera atormentarlo. "¡Ese hombre! ¡Aquel que aparecía frente a Cristo regodeándose en su dolor! ¡Sin duda es él!"