ADVERTENCIA:Esta historia puede herir a algunos sectores. Lo divulgado en este blog pertenece a la ficción. Cualquier parecido con la realidad será coincidencial.
lunes, 16 de agosto de 2010
LOS CINCO REYES
Después de su victoria sobre Hay, Yehoshúa repartía entre sus hombres el botín que entre otras cosas se trataba de oro,plata, animales y mujeres, de esta manera la victoria sobre los cananeos estaría asegurada. También realizaría algunos sacrificios, con la sangre de sus enemigos aplastados alimentarían al cruel general de los ejércitos. Los reyes amorreos estaban temerosos. ¿Cómo un pequeño ejército de Sem había podido derrotar las ciudades fortificadas? Supieron que los aterrorizados Gabaonitas se entregaron en sus filas y ahora viven sometidos bajo su yugo. Adonisedec quiere enfrentarse a los hebreos, ahora sus espías le han dicho que su campamento está en Guilgal de modo que Gabaón está a merced de ellos. El rey de Jerusalén ha convencido a los otros reyes amorreos que podrán tomar ventaja de esta posición, rodearán la ciudad con más de sesenta mil hombres. Sin duda bajo la enorme desventaja el rey Adonisedec saldrá victorioso. Cerca solo se escucha el rumor del viento en el desierto. La atmósfera trae el aroma a muerte pero los reyes amorreos son también orgullosos guerreros. Pronto amanecerá, el ataque se hará a la luz del alba pero algo extraño sucede, el sol se ha ocultado y todo está inmerso en las tinieblas. Bien saben los reyes que en parte las victorias de los hebreos se debieron a ataques furtivos en la noche. Ellos no pueden esperar más no obstante se encuentran confiados. Desde lejos ven acercarse el ejército de tan solo doscientos hombres. Los reyes ríen. Los israelitas está perdidos. La luz viene de las calderas ardientes, las antorchas prontas a extinguirse, el fuego viene de sus corazones. La caballería se abalanza sobre los soldados de Josué que está a la cabeza de ellos pobremente armados. Los guerreros amorreos, armados hasta los dientes lanzan su grito de guerra pero pronto serán acallados. Se escucha un rumor más fuerte que el pisotear de los caballos. Unos de los reyes exclama, "¡La tierra está temblando" Los caballos se conmocionan y arrojan a sus jinetes al suelo. Ellos se levantan rápidamente para hacer la defensa pero rezagados a los soldados hebreos. El rey Omán grita, "¡Los hijos de Sem son unos cobardes! ¡Aplasten la gloria de los hebreos!" El rumor se haría más fuerte dejando las palabras en boca de los reyes, solo unos de los soldados podría divisar de que se trataba. Cuando los amorreos estaban convencidos de que la victoria sería suya un resplandor brotó de las nubes oscuras, no era era alba, ni el sol, tampoco el fuego de un ejército de batalla. Pronto los reyes amorreos desde las motañas vieron con horror un giganteco enjambre que venía del cielo, el aletear zumbaba como mil ejercitos de caballería galopando junto. La imagen era fantasmagórica, aquellos seres eran como gigantescos insectos, tenían armaduras muy brillantes y sus rostros estaban cubiertos por una capucha que remataba en una capa, detrás de sí tenían alas como de insectos y estaban armados por espadas, lanzas y alabardas muy relucientes. Filos que prontos atravesarían los cuerpos de los soldados amorreos, sus hachas los despedazaban, arrancaban sus cabezas, partían sus cuerpos por mitades, ellos huirían despavoridos por que no había nada ni nadie en el mundo que pudiera enfrentarlos. Los hebreos se quedarían en silencio viendo cómo el ejército de Yavé aplastaba a sus enemigos sin piedad. Los reyes amorreos huyeron tras las montañas y los pocos soldados que sobrevivían fueron aniquilados por los guerreros de Josué, aún cuando el sol estaba en la penumbra, aún cuando todo era oscuridad, había que imaginarse lo que significaba morir huyendo en las tinieblas a merced de las agudas hojas de los guerreros de Yavé. Así había terminado la contienda solo que los reyes habían logrado huir de la masacre, pues al igual que ellos eran de la raza Annunaki. Por eso serían encerrados en la cueva de Maquedá, hasta qué el general de los ejercitos pudiera enfrentarlos. Al final Josué cortaría la cabeza de los cinco reyes amorreos que habían muerto a manos del Yavé de la armada.
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