Ocurre en Sevilla España en el año 2010, un sacerdote de nombre Joaquin Torres ha sido llamado a comparecer frente al prelado Juan Marquez pues este ha recibido una carta del vaticano, más exactamente del colegio cardenalicio. Joaquin es el sacerdote de una comunidad en Ruanda y ha sido testigo de la violencia que allí se vive. Es imposible no destacar sus logros en la ayuda y la conciliación de las etnias ahora convertidas a la fe del cristianismo pero sus ideas radicales sobre la concepción de Dios y Jesucristo han indignado al papa por considerarlas absurdas.
Se habla de la posibilidad de excomulgarlo, para entonces ya corre el rumor el cardenal Monseñor Pedro Torquemada lo retirará de la misión en Ruanda. Joaquín no podría sentirse más indignado pues lejos del desdén católico acerca de sus ideas el propósito de alejarlo de las etnias convertidas gracias a su arduo trabajo lo considera inaceptable. Va entonces directamente a enfrentar al cardenal para discutir sus ideas pero encuentra que su despacho está con llave, él es un clérigo joven y decidido y quiere saber que tan cierto es su plan de retirarlo de la nació africana entonces decide pedir una copia de la llave del despacho a uno de los conserjes, cuando abre la puerta solo hay silencio y oscuridad, ese silencio que suscita a la curiosidad y cuando ha entrado la oficina ve con suma indignación a Monseñor Torquemada teniendo relaciones carnales con una joven empleada de servicio. Algo extraordinario le sucede, hórridas visiones atraviesan su mente, ve entonces a Jesucristo agonizando en la cruz, los cuervos vuelan alrededor y frente a él un hombre vestido con una túnica y sonrisa macabra mira regocijado el dolor de aquel infeliz. Cuando ha despertado de sus visiones, ¡horror, como sus manos y su frente sangran profusamente!, "¡Las heridas de nuestro señor santísimo!" se escucha la voz de una monja, en efecto parecen ser lo que llaman "Estigmas" y no es raro que cosas así pudieran verse en un colegio cardenalicio, menos si pertenecen a un clérigo desafiante. Joaquín se ha desmayado y pronto es llevado a enfermería donde se recuperará. Ahora no solo tendrá que viajar a Roma para explicar sus conceptos acerca del cristianismo, el mismo papa después de haberse enterado del suplicio del joven cura ahora quiere ver por si mismo si sus heridas son legítimas manifestaciones divinas.