jueves, 26 de agosto de 2010

EL SER VERDADERO

El gélido y colosal edificio de los laboratorios de NeuroPharm se alzaba frente a Thomas Manson esa noche en la que se desató una cruel tormenta sobre Hannover y en sus ojos había fuego que podía calcinarlo todo. Era extraño, pero los vigilantes no estaban en la portería. Las salas se teñían de oscuridad y el silencio llenaba los laboratorios y demás pisos, solo podían percibirse las diminutas gotas de agua estrellárse con violencia sobre los cristales blindados, incluso los niveles de mayor seguridad estaban accesibles, algo nada habitual. No obstante Thomas Manson entró como si nada, su alma perdida se calcinaba en extraños sentimientos, por un lado sentía la necesidad de salvar a Ornella de las garras de su cruel jefe, por otro un fuego indecible que lo empujaba a cometer actos de violencia desmedida, en su mente vagaba la idea de ser un cruel mercenario, una máquina de guerra creada por ese malévolo genio tan misterioso como sus propósitos nada diáfanos. También los recuerdos que venían a su cabeza en una vorágine de sensaciones que llegaban a mezclarse a tal punto que era difícil saber de quien se trataba realmente. Al final del edificio llegó hacia un despacho que también había sido tragado por las sombras y el silencio, afuera se sentía el olor a aséptico pero era también un olor a muerte. En vano gritó el nombre de Ornella pero solo le respondieron los ecos ahogados de su propia voz, Thomas comenzó a destrozar las paredes con su soberbia fuerza, intentando que entrara la luz de la noche que ahora abría paso a una luna de luz hiriente, era el momento preciso para su transformación, para conocer por fin su autentico ser. Finalmente una voz metalizada y profunda se escucharía en un rincón del despacho. “¡Mi más apreciado pupilo! ¡La joya de estos duros tiempos, que he logrado pulir pese a su dureza! ¡Thomas! ¡Thomas! Te iba a ser participe de esta naciente era, pero tu orgullo y demás débiles sentires te han empujado a una desavenida locura.” “¿De qué estás hablando? ¡Fuiste tu quien me llevó a esta demencia! ¡Tú y tus despreciables ambiciones, tu deseo de hacerte poderoso a costa del sufrimiento de los demás! ¡Tú y tu infinito desprecio por la naturaleza humana! ¡Solo mírate! ¡Ese ojo oscuro que dices haber perdido en la guerra y esa horrenda cicatriz que sutura tu alma podrida! ¡No eres más que un monstruo!” “¿Hablas de naturaleza humana? ¿Qué sabe el hombre de su propia naturaleza cuando desconoce su verdadero origen? Ustedes lo “humonos” nada saben, lo poco que aprendieron lo supieron por nosotros, los grandes genios de la historia que no hicimos otra cosa que prolongarles la existencia.” “Son solo las palabras de un hombre que se atrevió a cosechar las peores epidemias del mundo para hacerse al poder y sus desastrosos deseos. Tú Kurt Eichmann pudiste arrebatar mi alma como el alma de aquellos otros hombres, pero mis ojos aun pueden ver la bestia repulsiva que eres.” “Tal vez si abrieras realmente tus ojos y vieras el ser esplendoroso en que te he convertido entenderías mejor mis propósitos.” “¿Cuáles propósitos? ¿El de transformar a los hombres en una raza de máquinas asesinas? ¡Qué interés puede haber en causar desolación en una tierra podrida por seres como tu!” Kurt iría caminando en su dirección pese a que frente suyo estaba un súper asesino de fuerza inhumana que él mismo habría creado, sin duda no tendría oportunidad contra aquel alma joven y rebelde, ese discípulo que ahora lo sobrepasaba en dotes. Cuando hubo emergido de esas sombras Thomas por fin entendió que esta sería su confrontación final.
“Hay algo que debes saber antes de enviarte al eterno seno de la muerte. El dolor puede ser un lastimero camino a la espiritualidad pero es más que eso. Nunca me interesó hallar el magma oscuro, eso a lo que ustedes los científicos llaman “Fotón Negro”, porque desde tiempos inmemoriales nosotros ya lo manipulábamos. ¡Nuestros cuerpos están hechos de él! ¡El magma oscuro! ¡Incluso tu débil cuerpo humano Thomas! Cuando te conocí supe desde aquel instante que eras uno de los nuestros, por eso mi anhelo fue compartir esta nueva era de esplendor para nosotros, anhelo que has roto por tu débil carácter humano.” Thomas estaba perplejo por que le costaba entender a que se refería con eso de pertenecer a uno de ellos. “Pero ahí algo más que debes saber. El dolor puede purificar el débil halo humano, llevarlo por la senda de la rectitud. Si nosotros no sembráramos el dolor en este pobre mundo el destino del hombre habría sido nefasto; pero la verdadera razón del por qué el dolor esta ahí es para alimentar a los dioses. Sin él, ellos no tendrían el gran poder del que hoy gozan. ¡Avivar el dolor humano es atizar el alma de los dioses! ¿Acaso olvidaste que tú, la doctora Ornella y Kenishiro trabajaron durante todo este tiempo en búsqueda del fotón negro? ¿Acaso olvidaste las almas que torturamos para que de ellas brotase, ignorando que es la ambrosía de los grandes genios? Por siglos he vagado sobre la tierra cuidando de que el divino alimento nunca se acabe, ese ha sido mi oficio desde interminables siglos. Aunque no lo creas Thomas, soy yo el esclavo de estos dioses perversos para los cuales no soy más que el servil que lleva a sus bocas el alimento, pero te digo que pronto esto acabará.” Por un momento Thomas comenzó a sentir impulsos irrefrenables de matar y sus ojos comenzarían a tornarse tan oscuros. “¡Cállate! ¡No quiero escuchar más tus patrañas demenciales! ¡Dime que has hecho con Ornella!” “¿Vienes por la perrita?, la pobre ahora sufre por tu orgullo, ¿Acaso las criaturas como tu no se cansan de herir a los demás bajo tal sentimiento?”
Y entonces Thomas calcinado por sus palabras se abalanzó sobre su cuerpo proyectándolo hacia la pared. Allá quedaría Kurt abatido, en ese silencio y la oscuridad que comenzaba a desbrozar sobre el despacho. Ahora Thomas se preguntaba antes de enceguecer por completo, si había matado a su maestro, pero el corazón de Kurt aún latía. “Es… es esa la fuerza que esperaba hallar en ti, la fuerza de un obrero annunaki, no obstante preciso saber si es ese tu límite.” “¿Pero que ha sucedido con ese aparato con el que solías someter a tus cobayas? ¡Sin él no eres más que un anciano patético! ¡Ahora dime que has hecho con Ornella!” Thomas lanzó por los aires el maltrecho cuerpo de Kurt impactándolo en las paredes, pero él era el hombre fuerte que aseguraba haberse bañado en siglos. “¿Ornella?, al parecer olvidaste que fui yo quien la salve de haber ido a prisión por trabajar para el desarrollo de la variante del ántrax. Ella al igual que tú traicionaría mi confianza y por eso ahora está donde siempre debió hacerlo.” Kurt sangraba profusamente por la boca con las entrañas reventadas solo para sufrir nuevamente el embate de su pupilo. “¡El dolor Kurt! ¡Es lo único que puede alimentar tu podrida alma!” Mientras Thomas golpeaba brutalmente a su antiguo jefe su cuerpo comenzaría a sufrir la metamorfosis, la piel comenzó a resquebrajarse supurando sangre a raudales, Thomas cayó en el suelo retorciéndose de dolor. “¿Qué me está pasando? ¡Maldito Kurt! ¡Volviste a usar los fármacos!” Kurt en una extraña agonía se incorporó para ver la metamorfosis por la cual había esperado durante tanto tiempo, por fin todos esos años de trabajo parecían dar fruto. Poco a poco el cuerpo humano de Thomas se fue consumando para dar origen a una nueva criatura, un portentoso ser que superaba al hombre en todos sus aspectos. “Esta, es la nueva criatura que eres. Regocíjate de tu génesis, contempla ahora el ser de poder infinito en el que te has transformado. Esta Thomas, es tu verdadera esencia, el verdadero yo que yacía atrapado dentro de tu alma humana, ya es hora de que comprendas el significado de esta transformación que también representa el significado de mi lucha.” “Thomas se miró en el lustroso metal de un disco solar egipcio que estaba cerca al escritorio del despacho. Su cuerpo tenía la piel oscura y lustrosa, constituida por fibras y fibras de poderosos músculos, en su rostro solo sobresalían sus ojos que destellaban una luz muy penetrante y de su cabeza unos portentosos cuernos se desprendían brillando como el metal más pulido. Thomas se había quedado inmóvil, contemplando su nuevo cuerpo no obstante el deseo de asesinar a Kurt se mantenía latente y mientras este lo admiraba desde un extremo, Thomas se lanzó sobre él para asestar un golpe mortal pero antes de que pudiera alcanzarlo con una velocidad extraordinaria Kurt se había inmerso en su propia sombra. Ahora solo estaba el insoportable silencio, aquel monstruo intentó descubrir a donde había ido pero antes de hacerlo, Kurt estaba tras él, tan cerca como para asestar el golpe final pero cuando Thomas fue a atacarlo Kurt ya había atravesado su torso con una espada que le salía del brazo. “Lo siento mucho amigo mío, pero es el destino que has elegido. Solo eras el medio para observar que tan grande es el poder en los seres como tú y ahora bien veo que el Mered Hinom es algo que no debe subestimarse.” Poco a poco Thomas en su nueva figura agonizaba lentamente y justo cuando ya amanecía dejaba este mundo, transformado en alguien quen nunca se imaginó ser.

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