martes, 17 de agosto de 2010

LA SALVACIÓN DEL CRISTO II

Los pasos se hicieron más fuertes y mientras Joaquín caminaba hacia la cruz una voz profunda parecida a la de su maestro lo irrumpió, "Tanto tiempo en estas viejas montañas me hicieron pensar por un momento que este día jamás llegaría. No obstante me abarca una inmensa duda, Si eres tú el liberador de los bastardos, ¿El alma de quién he custodiado por siglos?" Obviamente Joaquín no podía entender sus palabras, solo lo vería allí sentado sobre una piedra, en sus manos cargaba una gigantesca hacha. Joaquín seguiría su camino sin inmutarse cuando la voz del extraño retumbó como un trueno. "¡Muy pocos son los que se han atrevido a cruzar esta línea, ninguno camina sobre estos dominios sin probar mi furia milenaria!" Entonces sobre él se irguió una figura gigantesca, un ser provisto de enormes cuernos, su rostro era fulgurante y tenía docenas de ojos que miraban en todas las direcciones. el parecido con Jonás era sobresaliente, solo que era mucho más grande y descomunal. Joaquín no se dejó asustar por aquella horripilante criatura y prosiguió su camino en silencio cuando el filo de su hacha se clavó frente a él estremeciéndolo todo.
"Me conocen como "El que sirve", fui rescatado de las ruinas del templo de Dagan en Gaza y desde entonces he servido a los Elohim en su mundo de penumbras. Debes saber que soy el guardián del jefe de la sublevación. Mi deber es procurar su ruina y alimentar su dolor por siglos. Nadie hasta el momento ha cruzado de esta línea sin haber padecido el castigo de un juez." Joaquín dio vuelta al hacha clavada en el suelo y siguió su camino, indiferente cuando recibió intempestivamente el golpe del guardián proyectándolo violentamente hacia una roca. "Sin duda alguna eres muy fuerte como osado, pero debo considerar tales grandezas, similares a la estupidez del hombre. Esa fue siempre la virtud de ustedes los bastardos." El gigantesco demonio seguro de su victoria se acercó hasta Joaquín que parecía haber quedado inconsciente pero cuando iba a propinarle el último golpe, el hombre saltó a un lado con una velocidad increíble y luego lanzó a través de sus manos las mortales raíces de espinas cortantes que fácilmente atravesaron el cuerpo del demonio. El grito retumbando como un trueno asustó a los cuervos y buitres que se alejaron de la cruz y entonces el guardián cayó sobre sus fuertes rodillas abatido. Joaquín se incorporó nuevamente para asistir al hombre que yacía en la cruz. Había un halo oscuro rodeando el cuerpo de aquel infeliz, las aves del tiempo habían hecho estragos con su cuerpo, carcomido en forma viviente por los gusanos y los carroñeros de la montaña. Sus palmas estaban atravesadas por clavos de diez pulgadas forjados de eternium, en su corazón había sido clavado una estaca del mismo metal. Eso era lo que impedía que huyera, su tumba había sido diseñada para que jamás pudiera salir de ella y así mismo que nadie en la tierra pudiera liberarlo. Joaquín se acercó a él disipando la niebla oscura y luego besó sus pies sanguinolentos. "He venido para salvarte, tú mi salvador." Comenzó a quitarle los clavos de las manos que ciertamente estaban muy asidos, sus amargas lágrimas se mezclarían con la sangre del ungido. En ese instante volvió a sentir la embestida de su adversario, esta vez sería arrojado cerca al abismo pero Joaquín resistía y volvió a enfrentarse a él pese a la diferencia de fuerza y tamaño. Esta vez sus habilidades solo sirvieron para escabullir los brutales ataques pero se estaba debilitando. "Sí que tienes unas armas bastante sofisticadas pero ya te lo había dicho, ¡los patéticos Nephilim nunca será rivales para los jueces! ¿De verdad creíste que ibas a vencerme tan fácilmente? Plantaré aquí mis palabras para enviarte a donde perteneces." El guardián alzó su poderosa hacha para asestar un golpe fatal pero alguien lo detuvo en seco. "¡Padre Joaquín! ¡Libera al maestro mientras someto al cancerbero!¡Sé que puedes hacerlo!" Joaquín trató de incorporarse y entonces vio cómo Jonás tomaba al demonio por el cuello. Se levantó del suelo y a tientas caminó hasta la cruz, allí lograría liberar al Cristo sacando de su corazón la estaca del eternium que le habían atravesado. Su demacrado cuerpo caería en sus brazos desplomado y Joaquín pensó por un momento que no viviría más, después de todo había soportado la crucifixión durante dos milenios, viviendo torturas inimaginables. "Sé que a muchos no les gustará esto, pero es lo que debía hacer." Al otro lado Jonás le gritaba mientras luchaba contra el guardián, "¡ Llévalo lejos de aquí! ¡No podré estar así por mucho tiempo! ¡Huye de aquí Joaquín!¡Huye al desierto!" Desde luego no era el deseo de Joaquín dejar a su mentor a merced del terrible demonio, pero la vida del ungido estaba por encima de todo. Rápidamente el padre lo cargó en sus hombros a un lugar más seguro aunque prácticamente no hubiera salida de aquella montaña rodeada por el abismo. Lejos Jonás luchaba encarnizadamente con el guardián pero su adversario era más fuerte y después de haber recibido sus embestidas Jonás se asió a su cuerpo para arrojarse junto a él hacia el abismo. Solo se escucharía el grito de Joaquín que retumbaría en las montañas petrificadas, pero debía seguir su misión.
Con su gran fuerza logró saltar al otro lado de la montaña y entonces la montaña comenzó a derrumbarse por un terremoto, la tierra se abriría lanzando feroces lenguas de lava ardiente, Joaquín tuvo que arreglárselas para sortear todos estos obstáculos. finalmente juntos llegaron al desierto, estaba exhausto y el corazón del ungido latía levemente aunque aun no recuperaba el conocimiento, parecía agonizar y los temores de Joaquín pronto se verían reflejados. Lloraría amargas lágrimas sobre su maestro mientras musitaba oraciones, presintiendo su muerte y nuevamente el temor comenzaría a infestar el aire del desierto pero no era por la inminente agonía del maestro, los pasos se escuchaban secos en la densa arena, el guardián conocido como "El que sirve" no había muerto, "Debo confesarte que jamás me había sentido más emocionado. Nunca había tenido tales rivales. A ese infeliz al que le he quitado la vida solía ser uno de los nuestros hasta que su absurda rebeldía lo convirtiera en ese repugnante Ofita. Pero has logrado más que ningún otro, no obstante es mi deber procurar que el jefe de los amotinados padezca durante dos mil años más. Es el momento de liquidarte." Joaquín vio su fin reflejado en el lustroso filo de la hacha que se alzó sobre la ventisca de arena, solo una voz venida de todas direcciones impidió que el guardián lo ejecutara. "No lo hagas Shama'un, aún no es el momento de su muerte." El guardián volvió su rostro muy sorprendido hacia la izquierda. "¡Señor! ¡No lo he visto venir! aunque me intriga, ¿Por qué ha de compadecerse del alma de este infiel?" "¡Me parece que un lacayo cuestiona las ordenes de un general! Baja tu arma y vuelve a la montaña." "Esta misión es prioritaria, me temo que no seguiré sus ordenes esta vez señor." "Me temo que así será juez Shama'un." con un movimiento muy veloz e intempestivo, el extraño ser que vestía una especie de hábito con capucha lo cortó en dos provocado su muerte inmediata. Joaquín estaba perplejo pues no sabía quién y porqué lo había ayudado y ademas parecía ser mucho más poderoso que cualquiera con los que se hubiera enfrentado. "Vas por la dirección equivocada. Tu líder pronto despertará." Esas fueron las misteriosas palabras del extraño antes de que desapareciera en la bruma.
Sucedería algo increíble, el Cristo había abierto sus ojos y viendo a Joaquín estas fueron sus palabras. "Tu eres mi hijo amado." El joven sacerdote besó su mano cumpliendo el deseo de Maximiliano, luego el cuerpo del ungido se hizo luz y parte de ella rodeó el cuerpo de Joaquín hasta absorberlo. Las brumas se disiparon, el camino fuera del desierto se hizo visible. Y de esta manera había liberado al Cristo de su cruel prisión secular.

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