lunes, 6 de septiembre de 2010

EL DUODÉCIMO PLANETA

Un extraño cuerpo apareció hace unos meses en el cielo austral descubierto por el astrónomo Roberto Bourousis, aunque como él mismo lo ha dicho "no es exactamente un astro común y aveces puede ser confundido con un errante del cielo, un fragmento de alguna antigua estrella". Lo cierto es que desde hace unos meses Roberto no ha podido dormir sobre todo al enterarse que en otros observatorios el objeto no aparece. Ha comenzado a hacer cálculos, a descifrar trayectorias y niveles de espectro pero aún no puede decir a ciencia cierta de que se trata. Hasta hora solo se han formulado teorías al respecto y los grandes científicos le han dicho que desista de su estudio. "A veces, la luz de un astro puede desviarse formando esa ilusión de que hay un objeto, esos explica el porque algunas veces aparece y otras no." Le dice uno de ellos tratando de disuadirlo pero él seguirá con su investigación pese a que en últimas le han negado el uso del observatorio. El doctor Bourousis es un joven obstinado y también un genio en el campo, en solo unas semanas diseñó un dispositivo capaz de hacer una imagen tridimensional de campos magnéticos a grandes distancias y la sorpresa es mayúscula cuando descubre que aquel misterioso cuerpo está a tan solo 150.000.000 kilómetros de la tierra a 45 grados del eje planetario, es decir a la misma distancia del sol a la tierra, pero lo más increíble es que no se trata de cualquier cuerpo, es un planeta con el equivalente en tamaño a Júpiter. Roberto estaba fascinado, sin duda un gran descubrimiento pero no dejaba de preguntarse por qué los otros observatorios negaban su existencia y por eso pensó que lo mejor sería investigarlo por cuenta propia,a eso se debía su insomnio. Vendrían más descubrimientos por cierto nada alentadores, descubrió que aquel misterioso planeta se acercaba en dirección a la tierra a una velocidad de 321.000 kilómetros por hora, es decir tres veces la velocidad del planeta azul y también algo que escapaba a toda lógica y razón humana, la razón por la qué no aparecía en los telescopios ni en los radio telescopios era por su extraño campo magnético, una rara alteración que ni la física cuántica podía explicar, el planeta prácticamente se camuflaba así mismo como si fuera artificial. Nada de lo conocido podía explicar aquel fenómeno y al final lo único que Bourousis podía hacer era consultar a científicos de todo el mundo. La respuesta no se haría esperar, el astrónomo recibió la negativa de las organizaciones, incluso amenazaron con destituirlo de revelar tal descubrimiento, "Definitivamente algo extraño está sucediendo y lo están ocultando, pero ¿Por qué?" Alguna vez un geofísico y amigo suyo le dijo, "Es evidente que este planeta intruso está causando la mayoría de desastres que hoy asedian a la tierra. No es bueno que esto se sepa, pero muy probablemente en unos cuantos años el planeta se congelará cuando cambie su curso y todos moriremos en una lenta y dolorosa agonía." Otro allegado le diría palabras más inquietantes, "Los antiguos persas lo llamaban Nibiru y según los textos antiguos visitaba el planeta cada 3.600 años. Es obvio que no es un planeta deshabitado." Eso sería lo último en saber antes de que Roberto Bourousis desapareciera misteriosamente de su casa, cuando se disponía a revelar el descubrimiento del duodécimo planeta en un noticiario local.

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