jueves, 22 de julio de 2010

LA TIERRA QUE HUNDIERON LOS DIOSES

La duda es algo inevitable cuando se trata de las viejas leyendas que han acompañado al hombre durante toda su existencia. A veces parecía que Jonás inventaba estas historias y hasta cierto punto podían suscitar más desconcierto. Justamente donde se yerguen las Columnas de Heracles, cuando el océano a punto de arrojar una tempestad golpeaba sin tregua a los peñones, Jonás comenzó a contarle a su discípulo la historia de una antigua isla que fue destruida por sus enemigos de antaño.
"Los Annunaki ahora poblaban la tierra, llenaban de gloria y sabiduría a las civilizaciones. Se auto proclamaban reyes y gobernaban con justicia los imperios humanos. A sus hermanos mayores no les había gustado eso, que ellos se apropiaran del mundo, que gobernaran a los trabajadores primitivos a su antojo y que se unieran a sus hembras. Comenzaron a conspirar en contra de sus imperios. Utilizaban a los humanos para generar descontento. Los hombres se volvieron contra los grandes gobernantes. Les hicieron creer que podían ganarles en su terreno. Comenzaron las guerras y se extraviaron en la codicia. A los grandes dioses no les gustó esto. Los humanos se habrían vuelto en contra de ellos. Fue entonces cuando decidieron acabar con ellos enviando el diluvio a la tierra. Pero no todos perecieron en él. Los primeros Annunaki lograron escapar de la destrucción que arrasaba sus ahora débiles cuerpos. Las legiones de Elohim vigilaron las tierras destruyendo hasta el último de los dioses primigenios. La campaña no fue exitosa y los padres migraron a una isla, allá donde ahora nuestros ojos miran pero nada pueden ver. Su propósito era tener un lugar donde vivir, ya que los débiles cuerpos humanos no le permitían volver a su planeta de origen. Edificaron una nación perfecta. Lograron grandes avances en la cultura y su isla era una fortaleza prácticamente intocable. Cuando los grandes hermanos vieron que aún no había aniquilado a sus hermanos menores, la raza Annunaki, invocaron a la antigua serpiente de los océanos, sometida por los Elohim para cuidarlos y proteger su precioso metal. La bestia denostada por eones emergió de los mares y con su gigantesco cuerpo destruyó toda la isla sin dejar que los dioses menores se defendieran. Nuevamente en destino de los obreros estaba sellado. Solo los fuertes y sabios lograron escapar de aquella condena ."
Joaquín sabía que su maestro no hablaba de otra cosa más que de la Atlántida, aquella mítica isla nombrada en el Critias por el filosofo Platón y que los grandes dioses intentaron durante siglos borrar de la historia como otras tantas cosas.

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