ADVERTENCIA:Esta historia puede herir a algunos sectores. Lo divulgado en este blog pertenece a la ficción. Cualquier parecido con la realidad será coincidencial.
martes, 12 de octubre de 2010
EL FIN DE UNA COMUNIDAD
Joaquín Torres ha logrado recuperarse y ahora se dispone volver a Ruanda para estar junto a su comunidad Tutsi, la misma que durante años logró pacificar luego de las masacres por parte de la etnia Hutu lo cual habría generado un gran resentimiento, pero el padre siempre les decía que no había mayor fortaleza humana que el perdón. Lo acompaña el padre Maximiliano, sexagenario párroco de Cataluña, amigo y admirador del joven padre y precisamente por ese logro . Unos meses atrás había dejado el pueblo de Kibungo para volver a su natal España, solicitado por el colegio cardenalicio y de verdad que estaba ansioso por ver a la comunidad que logró convertir que por cierto estaban aislados tras el éxodo en los alrededores del pueblo. Había algo inquietante en la atmósfera y el mismo chófer que los llevó hasta la aldea comentó que desde hacía unos días no había visto entrar o salir el camión de avituallamientos de aquella. Había un aire fétido y desde lejos podían verse los buitres volando a una altura media, sin duda alguna no era una buena señal. Cuando Joaquín y Maximiliano llegaron al pueblo vieron con horror los cadáveres descuartizados de toda los pobladores, hombres mujeres y niños que no tuvieron oportunidad de escapar. Joaquín no podía creerlo, "Acaso fueron los Hutus,los soldados de la armada o los paramilitares de Kigali" El padre estaba descompuesto, el pueblo que había luchado tanto años para levantarse de las cenizas del pasado, que después de las hórridas masacres logró perdonar a sus enemigos. Maximiliano era como un padre para él y entonces ayudándolo a incorporar se marcharon de nuevo a la ciudad. ¿Quién iba a responder por esta matanza esta vez? y como siempre nadie se había enterado de lo ocurrido.
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